viernes, 11 de enero de 2008

inteligencia emocional (II)

 

La acción del cerebro en la vida emocional

Cuando se produce una pérdida de control de la emociones, se desencadena en el sistema límbico del cerebro una reacción antes de que la información llegue al neocortex o área del cerebro pensante. La función del sistema límbico es importante en la vida emocional, ya que está ligado con los afectos y las pasiones y asume el control antes de que la parte del cerebro pensante haya tomado una decisión.

Con ello se destaca que el sistema emocional puede actuar sin la participación del neocortex, albergando recuerdos e impresiones y efectuando respuestas, de las que no somos plenamente conscientes.

Las conexiones entre el sistema límbico y el neocortex o área pensante del cerebro, constituyen el centro de gravedad de los conflictos y los acuerdos entre el corazón y la cabeza, entre los sentimientos y los pensamientos. Esta conexión es básica para tomar decisiones inteligentes en la vida emocional. La interrelación del sistema límbico con el neocortex o área pensante del cerebro, constituye el núcleo neurobiológico de la IE.

La memoria, localizada en el área frontal del cerebro, puede ser afectada por estados de ansiedad o de cólera, perturbando su capacidad de retener en la mente datos esenciales para el desempeño de nuestras tareas. Cuando estamos emocionalmente perturbados solemos decir ¿no puedo pensar bien¿.

Los sentimientos en la toma de decisiones

Estos déficits emocionales no los registran los tests que miden el Coeficiente Intelectual (CI). Diversos estudios neuropsicológicos efectuados a estudiantes y profesionales con un CI por encima de la media, mostraban un pobre rendimiento académico o profesional. Se trata de personas impulsivas, ansiosas, desorganizadas y problemáticas, con escaso control de sus impulsos límbicos.

Las personas con determinadas irregularidades en sus funciones cerebrales, sufren un deterioro en sus habilidades emocionales y en la toma de sus propias decisiones. Aunque su CI funcione correctamente, pierden interés por el aprendizaje emocional. En estas condiciones cualquier estímulo sensorial deja de despertar atracción o rechazo.

Distintos psicólogos señalan la importancia de los sentimientos en la toma racional de decisiones para orientarnos en la dirección más adecuada y lógica. Las áreas del cerebro emocional están tan implicadas en el razonamiento como las áreas del cerebro pensante. En la equidistancia entre el sentir y el pensar, la emoción guía nuestras decisiones.

El intelecto no puede funcionar adecuadamente sin el concurso de las emociones, de acuerdo con la complementación del sistema límbico y el neocortex. Hay que saber armonizar ambas funciones y usar de forma inteligente las emociones.

Las limitaciones del coeficiente intelectual

Puede darse el caso que una persona con un buen nivel de inteligencia actúe con torpeza en su vida ordinaria. Y es que la Inteligencia Académica o Coeficiente Intelectual, tiene poco que ver con la vida emocional. Así personas con un buen CI no saben ser buenos timoneles de su vida y zozobran en los escollos de sus pasiones e impulsos.

A pesar de que todavía gozan de consideración las calificaciones académicas basadas en los tests del CI, el modelo de la IE sostiene que no ofrecen la garantía suficiente para predecir el éxito en la vida.

Los defensores de la IE no desvalorizan la importancia de tener un buen CI, pues los que gozan de un elevado CI tienden a obtener en un 20% de casos, una mejor remuneración que los que tiene un bajo CI. Pero el 80 % restante, depende de otra clase de factores, de otras características que dependen de la IE.

Algunas características de la Inteligencia Emocional (IE): motivarnos a nosotros mismos, tener voluntad para proseguir a pesar de los fracasos, controlar los impulsos, regular los estados de ánimo, tener capacidad de empatizar con los demás, mostrar confianza con los colaboradores, crear un buen ambiente a nuestro alrededor, saber ser agradable y atento, etc.

La psicología conductista

En este orden de cosas, es conveniente recordar que durante la década de los años 1940-1950, la psicología académica se hallaba dominada por la escuela conductista de Watson y Skinner. En el análisis de la psicología humana, esta corriente prescinde de los contenidos subjetivos y propone el atenerse solamente a la observación de la conducta externa, basada en el estímulo-respuesta de nuestras acciones objetivas.

El planteamiento conductista no se interesa por los hechos de la conciencia, incluyendo en ellos la vida emocional.

Con la revolución informática de los años 60, se acentuó el desinterés por la interioridad en el análisis de las emociones. La atención se centró en comprobar como la inteligencia procesa la información y en la naturaleza de esta inteligencia.

Con este enfoque cognitivo, se consideró que la inteligencia es básicamente hiperracional y apenas se ve afectada por los sentimientos. En todo caso, los sentimientos confunden la mente, con lo que el sentido de la vida emocional continuó quedando fuera del campo de la psicología

Los científicos seducidos por la informática, compararon el modelo de la mente con el funcionamiento de los ordenadores. Con ello, olvidaron el hecho de que la razón está influida y guiada por los sentimientos que sazonan las operaciones intelectuales, y dejaron al margen todo el trasfondo de las emociones y sentimientos que son el condimento mismo de la vida.

fuente mailxmail.com

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