viernes, 11 de enero de 2008

inteligencia emocional (IV)

El sentido humano de los sentimientos


La concepción de una vida mental emocionalmente plana que ha condicionado durante años la investigación sobre la inteligencia, esta evolucionando a medida que se reconoce el papel de los sentimientos en los procesos mentales.

La psicología moderna está comenzando a tomar en consideración todo el potencial de las emociones con su bagaje de virtudes y peligros. La fría lógica no es suficiente a la hora de encontrar una solución humana adecuada.

Cualquier ser humano, por duro y distante que quiera mostrase, anhela el calor del afecto y la amistad, Los sentimientos es lo que pone más de manifiesto el significado de nuestra humanidad. Si falta el sentido lírico de los sentimientos, se podrá componer música o escribir poesía con un alto grado técnico, pero quedará soslayada la vital experiencia de la pasión.

Una fría visión racionalista, desconoce los valores del corazón; la esperanza la fe y el amor. Dado que las emociones nos enriquecen, cualquier modelo de la mente que las margine, será un modelo parcial y empobrecedor.

En la práctica de la vida ocurre que personas con un elevado CI, pero con escasa Inteligencia Emocional (IE), están subordinadas a personas con menos CI. En nuestra vida cotidiana es decisiva la inteligencia intrapersonal para acertar en la pareja o en el puesto de trabajo.

El 'feeling' de la empatía

Otra habilidad importante señalada por la IE es la Empatía, definida como la posesión de sensibilidad psíquica para detectar las señales externas que nos indican lo que necesitan o quieren los demás. Esta habilidad emocional es esencial para las relaciones sociales y el mundo laboral.

El arte para comprender las peculiaridades singulares de nuestros semejantes es una habilidad idónea para el liderazgo y la eficacia en los contactos interpersonales. De forma similar, el sentido del altruismo o interés del prójimo que nos rodea, radica en la empatía o habilidad para comprender sus emociones.

Hay quien es diestro para controlar sus propios sentimientos, pero en cambio es inepto para adivinar los trastornos emocionales ajenos. Las lagunas de nuestra habilidad emocional pueden superarse mediante el esfuerzo y el positivo interés por nuestros colaboradores.

El sustrato biológico en el que se basan nuestras habilidades emocionales es de carácter neurológico. Pero teniendo en cuenta que el cerebro es muy plástico y adaptativo, puede asumir un continuo aprendizaje.

La armonía entre el CI y la IE

A pesar del aparente conflicto entre el CI y la IE, lo efectivo es que no se contraponen sino que se conjugan. Entre ambas facultades existe una evidente correlación, pues el ser humano armoniza y entrelaza el intelecto y las emociones. No obstante, la mente emocional es más rápida que la mente racional, pues no se detiene a considerar lo que está haciendo. Su rapidez hace difícil la reflexión analítica que es el rasgo característico de la mente pensante.

Las acciones que brotan de la mente emocional, al ser más o menos irreflexivas, conllevan una sensación de certeza y de simplificación en el modo de ver las cosas, que deja perpleja a la mente racional. En ocasiones nos preguntamos después de actuar emocionalmente: ¿por qué he hecho esto o me he conducido de este modo?, como expresión de que la mente racional se activa a una velocidad más lenta que la mente emocional.

El tiempo que transcurre entre el estímulo que activa una emoción y la erupción de la misma es casi instantáneo, su valoración se mide en pocos segundos. La necesidad de actuar al ser automática apenas informa a la conciencia despierta. La respuesta emocional a menudo tiene lugar antes de que sepamos claramente que está ocurriendo. Cuando las emociones son intensas y breves influyen en nuestro estado fisiológico (flujo sanguíneo, ritmo cardíaco, musculatura facial, etc.)

La espontaneidad de las emociones

La IE señala que la mayor rapidez de la mente emocional respecto de la mente racional, determina que los primeros impulsos procedan más del corazón que de la cabeza. No obstante hay otro tipo de reacciones emocionales que son simultáneas con los pensamientos.

Otras emociones aparecen porque las evocamos intencionadamente (entristecernos por un acontecimiento pasado). Pero la mente racional no decide ¿a priori¿ que emociones debemos tener, sino que éstas nos invaden como un hecho inevitable y espontáneo (no podemos decidir cuando estar enamorados, furiosos o alegres. Lo único que la mente racional puede controlar es el curso que siguen nuestras reacciones.

La mente emocional al ser poco reflexiva, asume las propias opiniones como verdades absolutas. Por eso, tiende a rechazar con actitud visceral las opiniones ajenas. Esto explica lo difícil que resulta razonar con alguien que es muy sentimental, pues deja de lado la lógica los argumentos que no se ajustan a su convicción.

Múltiples actividades humanas hablan directamente a la mente emocional, como es el caso del arte (novelas, películas, poesía, canciones, teatro..etc) Los grandes líderes saben movilizar los corazones hablando el lenguaje y la lógica de la emoción.

fuente mailxmail.com

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