domingo, 27 de enero de 2008

posesion demoniaca

 

LA POSESIÓN ¿MITO O REALIDAD?.

 Se cuentan por decenas las enfermedades mentales formuladas para tratar de explicar los supuestos casos de "posesión diabólica"; aunque los síntomas descritos no siempre coinciden y se hace necesario acudir a varias patologías dadas en una sola persona. Cosa altamente improbable. La iglesia establece una serie de signos que nos harían sospechar que un hombre o mujer estaría sufriendo un caso real de invasión demoníaca. Estos signos o síntomas serían los siguientes: El más evidente sería un rechazo hacia todo lo sagrado. Imágenes, agua bendita, cruces…producirán pavor al poseso. La reacción a experimentar varía según el caso. Ésta puede ir desde un pequeño malestar, hasta un horror absoluto que le produciría accesos de furia en ocasiones incontrolados. El poseso puede, en una de estas manifestaciones furiosas, perder la conciencia y entrar en una especie de trance. Es durante este episodio cuando emerge una segunda personalidad que presenta un carácter maligno. El rostro se tensa, todos los músculos del cuerpo presentan un aspecto de engarrotamiento prolongado y los ojos se tornan hacia arriba o hacia abajo, dejando como parte visible al espectador de la escena solo la parte blanca del globo ocular. La voz cambia, se vuelve tosca, ronca y las blasfemias son frecuentes en el estado alterado de conciencia. Estas son algunas de las características propias de los posesos y hasta el momento todas ellas son explicables desde el punto de vista de la psiquiatría. Si se presentara un caso con estos síntomas, un psiquiatra o un psicólogo no dudarían en describir el comportamiento como un mero estado histérico y que la víctima del supuesto "ente" sobreactúa y que posee una personalidad altamente teatral. Pero aquí no termina el asunto. La "enfermedad" de la posesión viene acompañada, en ocasiones, de alucinaciones sensoriales tales como visión de sombras erráticas, seres de aspecto tétrico etc. Incluso el supuesto endemoniado asegura sentir sensaciones extrañas incontrolables en algunos de sus miembros. Los enfermos se caracterizan en una cosa sobre todo, la persona no experimenta un cambio en su raciocinio. La claridad de pensamiento es total mientras no se manifiesta la personalidad oculta. Los síntomas anteriormente descritos dejan perplejos a los psiquiatras que se han enfrentado a casos similares, ya que, las enfermedades mentales que podrían aclarar este punto producirían en el enfermo una pérdida progresiva de su raciocinio y una desestructuración de su personalidad, y esto no sucede. Eso sin hablar de otros signos descritos por las autoridades eclesiásticas. Me refiero a la aparición en el endemoniado de facultades de difícil explicación. Uno de los signos que se han descritos es la llamada xenoglasia, que sería la capacidad por parte del individuo de hablar lenguas que, a priori, no  conoce. Otras expresiones extrañas serían un aumento de la fuerza, aparición de sorprendentes capacidades mentales como la telepatía y la telequinesia. En última instancia aparece una inteligencia superior por parte de la personalidad emergente en el estado de trance. Para un psiquiatra todo este grupo de manifestaciones, dejando al margen los últimos descritos por tratarse de pruebas que no podemos establecer como objetivas, se trataría de una disociación de la personalidad acompañada de alucinaciones, rechazo a todo lo relacionado con lo sagrado y un comportamiento histérico con crisis convulsivas. Toda esta relación de síntomas no podemos clasificarlas en una enfermedad mental concreta. Estaríamos hablando de varias confluyendo en una sola persona a la vez. No debemos descartar la posibilidad de encontrarnos ante una patología aún no descrita por la disciplina psiquiátrica.

 El exorcismo.  El sacerdote ante un caso de posesión establecido como real procederá a pedir permiso al obispo de su región para que le conceda la autorización para llevar a cabo lo que conocemos como exorcismo. Éste es un ritual cargado de elementos y símbolos sagrados. Un protocolo muy elaborado y estructurado por el cuál el presunto poseído es llevado a una situación crítica hasta expulsar al demonio que lo subyuga. El rito suele tener lugar en una iglesia o término sagrado. El sacerdote recita de manera monótona y repetitiva una serie de oraciones descritas en el manual. Creando el ambiente que  lleva al "paciente" hasta el trance que se alcanza tras invocar al supuesto ente invasor haciendo emerger la otra personalidad. Una situación de gran teatralidad que pone escenario y protagonistas a la eterna lucha entre el bien y el mal. El manual utilizado es el llamado ritual Romanum, tratado que data del año 1614. Un compendio de oraciones y descripciones de la delicada puesta en escena que es necesaria llevar a cabo para que tenga lugar la expulsión del espíritu maligno.

 Según los sacerdotes que han practicado este tipo de ritual, aseguran que funciona y la persona recobra su estado anterior a la "invasión maligna" para siempre. Esto choca de frente con la psiquiatría moderna, ya que, las enfermedades mentales que podrían explicar los signos de la posesión tienen un pronóstico crónico y sin el necesario tratamiento se produciría un inevitable y grave trastorno mental. Desde aquí creemos que la génesis real de esta enfermedad tiene un carácter psiquiátrico y es esta modalidad la que debe hacerse cargo de su tratamiento. Por otra parte son numerosos los testimonios que aseguran que el ritual realiza una labor terapéutica y la persona se repone del padecimiento. Quizás es este punto el más importante y que la sugestión sea la clave para tratar determinadas dolencias. 

 fuente: http://usuarios.lycos.es/cronicasdelmisterio/POSESEIONES_MITO%20O%20REALIDAD.htm

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