miércoles, 30 de enero de 2008

que es la pedofilia (VIII)

 

En circunstancias normales, las niñas parecen ser más resistentes que los niños a los sesgos de los primeros años de vida. Con todo, en determinados países de discriminación sexual contra las niñas (India, Pakistan, etc...) más de un millar de niñas mueren anualmente, por el simple hecho de no haber nacido varón. Son pospuestas a los niños en el ingreso a la escuela.

En la Europa de final de siglo, la época que atravesamos no se presenta nada propicia para los menores. Con la urbanizaci�n y con la alta tecnología sofisticada, el abandono de niños y los malos tratos físicos y psíquicos nunca habían alcanzado proporciones tan alarmantes: 6 miliares de niños de familias llamadas normales sufren de depresión.

El trabajo competitivo y excesivamente prolongado de los padres fuera de cada están alterando las relaciones de la vida familiar. Con menos tiempo para los hijos, y sobre todo, con menos disponibilidad para escucharlos, los padres se sienten culpables. Es rara la familia donde los padres y los hijos consiguen reunirse para reír, llorar, cantar o simplemente estar juntos, por causa de la interferencia de la televisión.
 
 Las nuevas familias de hecho, o reajustadas después del divorcio, raramente consiguen sanar las heridas dolorosas de los hijos, provocadas por la separación de los padres.

El resultado de esta situación, es que muchos padres, consciente o inconscientemente, rechazan a los hijos, sobre todo cuando éstos presentan señales de inconformidad o de sufrimiento. En la comunicación padres-hijos, se pasa fácilmente a los hechos, con malos tratos por parte de los padres o con violencia psicológica por parte de los hijos.

Muchas veces, los padres, agotados todos los recursos interiores por falta de tiempo para ellos mismos, buscan en los hijos e hijas la satisfacción sexual que no encuentran el la pareja o como compensación a las carencias profundas de su propia infancia, nunca satisfechas.

En este mundo en transformación, será todavía el menor, con su mundo personal, una de nuestras mayores prioridades?

 
 2. Actitud de los adultos en relación a los menores

Hay dos actitudes dominantes de los adultos con respecto a los menores, que se convierten en dos maneras diferentes de estar en el mundo con ellos:

a) El menor como sujeto

El menor es suficientemente apto desde el nacimiento, para dar un sentido a su vida. El acto de mamar, jugar, dar los primeros pasos, etc., son maneras del niño de afirmarse como sujeto autónomo de deseos, frente a los adultos.

La prueba de esta autonomía está en el hecho de que las palabras y gestos de los padres sólo tienen sentido para el niño cuando son percibidos e interpretados por él, a su manera.

El bebé sólo aprehende lo que puede asumir, personalmente, dándole un significado propio. En la edad escolar, el menor se distancia más de los adultos al adquirir una cierta manera de saber, de sentir y de ver las cosas.
 
 
Su filosofía del mundo y de la vida se convierte en "escuela propia" diferente de la de los adultos.

En la adolescencia la autonomía toma mayor dimensión con la capacidad de estar solo, de crear un proyecto de vida y de sentir su propio mundo interior.

El hilo conductor de este proceso interior hacia la autonomía es la sexualidad con la crotización del cuerpo, las nuevas posibilidades de relacionarse, la curiosidad persistente y la fuerza del deseo.

Cuando la sexualidad se altera, es toda la personalidad la que entra en crisis, con pérdida del gusto por vivir. Por eso, cualquier interferencia sexual por parte de los adultos, a nivel del cuerpo o de los deseos del menor, como acontece en la pedofilia, compromete gravemente su felicidad
 
 El adulto que respeta la dinámica propia de la autonomía infantil está atento a sus manifestaciones sexuales y, lejos de interferir, procura vivir con el menor, aprendiendo con él.

b) El menor como objeto

El menor es un objeto para el adulto, cuando éste, incapaz de contener sus impulsos, los proyecta inconscientemente en la persona del menor, volviéndose ésta una ocasión de placer, una compensación afectiva, una oportunidad para tenderse a sí mismo en el futuro un subterfugio ante el miedo a la muerte. Esta actitud perversa del adulto puede comprometer seriamente la relación del menor consigo mismo, con el mundo y con los demás.
 
 El hecho de que el menor no se mueva no significa que no tenga un espacio propio de proporciones ilimitadas. El hecho de no hablar no significa que no tenga deseos de comunicarse. El hecho de ser biológicamente inmaduro no significa que no tenga una vida sexual propia que respetar.

 
 fuente: http://www.pedofilia-no.org/

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