viernes, 8 de febrero de 2008

Buena salud favorece calidad en vida sexual

Disfrutar de una buena salud y seguir un control adecuado de las enfermedades crónicas de la era actual, tiene más relación de lo que muchas personas creen para desarrollar una sexualidad plena y placentera.
La diabetes mellitus, los padecimientos renales, los síndromes metabólicos, el cáncer, la hipertensión o la obesidad, entre otros males no sólo reducen los años potenciales de vida y provocan malestares físicos o dolor. También atentan contra el buen desempeño sexual, de acuerdo con estudios médicos de varias especialidades.
En la diabetes mellitus, una enfermedad crónica no transmisible que aumenta con los años, el descontrol metabólico se acompaña de hiperglucemia, glicosilación no enzimática de las proteínas, trastornos vasculares y neuropáticos que, de una manera u otra, influyen negativamente en la función sexual.
Estas situaciones, sin embargo, se han estudiado con más frecuencia en la población masculina, particularmente en lo que respecta a las fallas en la erección. De acuerdo con estudios clínicos, la disfunción sexual eréctil puede presentarse en un rango del 20 al 80 por ciento de los hombres con diabetes mellitus.
Esa enfermedad constituye un factor de riesgo para arteriosclerosis. El pene es un órgano fundamentalmente vascular; por tanto, no es de extrañar que en él también se expresen las consecuencias del proceso de arteriosclerosis. Estas situaciones, sin embargo, parecen ser dominadas por los varones diagnosticados, quienes al menos suelen conocer que esa patología endocrina supone una amenaza para su sexualidad.
Entre las mujeres diagnosticadas, en cambio, las investigaciones se han enfocado fundamentalmente al ámbito de la reproducción, el embarazo y el feto. Pocas veces la información y los estudios profundizan en los efectos que, quizás con menor énfasis que en el hombre, tiene el flujo sanguíneo sobre el clítoris y algunos cambios genitales y extragenitales que expresan la respuesta sexual femenina.
Según la experiencia de investigaciones realizadas,las mujeres no consideran que la diabetes mellitus influya negativamente en su actividad sexual. Pero el hombre, incluso con una función sexual normal, sí tiene referencia de que la enfermedad puede afectar su "virilidad".
Tales comportamientos vienen a confirmar lo que, a juicio de otros especialistas, no sólo tiene que ver con las afecciones reales y la necesaria rehabilitación, sino con los mitos y prejuicios que acompañan aún al tema de la sexualidad.
Cuando llega el diagnóstico de alguna enfermedad crónica, la persona pasa a desempeñar un papel inferior: de fuerte a débil, de normal a discapacitada, de proveedora a proveída, de autónoma a dependiente, de activa a pasiva. Para lo varones significa sexo fallido, deber incumplido.

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