miércoles, 6 de febrero de 2008

el tamaño del pene se mide por el tamaño de los pies

Desde la antigüedad, se ha adorado a dioses que lo representaban: En Grecia, era Príapo; en Roma, Beco; en Egipto Osiris; en la India; Shiva. Hoy en día esta divinidad carece de nombre, pero sigue teniendo adoradores —comenta en su libro “Nuestra sexualidad”, el Dr. Germánico Zambrano, sexólogo ecuatoriano a quien conocí en el Congreso Mundial de Sexología, celebrado en La Habana, y, amablemente, me regaló el libro.
Este autor expone además que es la primera pregunta que suelen hacerle los varones, principalmente, cuando son adolescentes. Un pene adulto en estado de flaccidez mide 7 cm aproximadamente. Durante la erección el tamaño puede duplicarse o triplicarse dependiendo de muchos factores, pero en promedio es de 11-14 cm. Los penes pequeños aumentan en erección mucho más que los grandes. Por ejemplo, uno que mida 4 cm puede llegar a alcanzar los 12 cm. Manifiesta que son considerados micropenes aquellos que miden menos de 2 cm pero no es algo común este tamaño.
Una de las creencias más arraigadas es que, a mayor tamaño, mayor es el placer que produce en las mujeres. Esto no es así, afirma el sexólogo colombiano y explica que la vagina está formada por tejido elástico y esto hace que se acomode perfectamente a cualquier tamaño para el disfrute sexual. Por tanto, las medidas no tienen importancia en la realidad práctica, al contrario, un pene demasiado grande puede causarle a la mujer más dolor que placer. En estos casos hay que actuar con mucha delicadeza y no se pueden usar determinadas posiciones que provocarían dificultades para el goce.
Si uno se pone a ver, lo que funciona alrededor del pene es la simbología. Recordemos que la cultura fálica coloca a los hombres en la cima del poder. Si les quitamos toda esa aureola cultural, los penes vienen siendo como las mamas de las mujeres que poseen distintas formas y tamaños. Ninguna mujer hace de eso un gran drama aunque algunas quisieran tenerlos más grandes o más pequeños. Pero no hay un mito acerca de los senos, aunque a algunos les encanten las artificiales siliconas.
En la niñez y la adolescencia, cuando los chicos se bañan desnudos en los internados, lugares de recreación y otros sitios, tienden ellos mismos a “medirse”, calcular y compararse. Esto es algo improcedente, que no debía ocurrir. ¿A alguien se le ocurre medirse con otros el tamaño del brazo o el largo de la pierna? Además, los genitales son sensibles a la exposición frente a los demás, a la mirada de otras personas. Pero estamos demasiado condicionados a pensar que hay una asociación entre tamaño y masculinidad. Y los varones hacen estas cosas y otras más graves, como es divertirse a costa de un adolescente poco desarrollado genitalmente, sin pensar en el daño psicológico y las heridas a la autoestima que con ello están causando.
Muchas personas adultas hemos visto como el padre de un bebito recién nacido hace alusión a sus genitales como “lo más grande del mundo” y sin punto y seguido, el comentario siguiente: “Este niño va a ser...”.
Los varones se van socializando con esta idea de monumentalidad, que puede ser muy dañina para algunos chicos que van reconociendo que su pene no va a alcanzar las dimensiones soñadas. Puede esta fijación conmocionarle su desempeño sexual.
Desmitificar la creencia que para ser feliz sexualmente y satisfacer a una chica hay que tener el pene grande, sería una maravilla para muchos varones quienes se sentirían con menos carga, sobre todo durante la adolescencia. Luego, en la adultez se aprenden muchas cosas con las experiencias vividas, incluso a alardear. Pero el trauma juvenil de haber soportado el peso de ese mito, no hay quien se los quite.
Dicen los sexólogos que el gran igualador en el tamaño lo es la erección. Un pene fláccido no tiene que ver con el tamaño que tendrá cuando esté erecto, mientras más pequeño en estado de reposo, más crecerá al excitarse. La mayoría de los penes tienen medidas parecidas en erección. Tampoco es lo mismo en ambientes templados o cálidos, que en ambientes húmedos y fríos. Los tejidos genitales tienden a encogerse con el frío y a dilatarse con el calor.
El portal venezolano Inteliven.com, en su sitio dedicado a la sexualidad, aborda estos detalles que ofrezco a modo de curiosidad, y no porque tengan un valor en sí mismos:
El pene es un órgano cilíndrico, compuesto en su mayoría por tejido eréctil. Durante la excitación sexual este tejido se llena de sangre dejando erecto y duro el pene. En el adulto, el pene promedio en estado de flaccidez, tiene una extensión en longitud de entre 5 y 10 cm y algo más de 2,5 cm de diámetro. El tamaño es variable de hombre en hombre y de situación en situación. En estado de erección, el pene promedio mide de 13 a 16 cm de longitud, con un diámetro de no más de 4 cm.
Si se comparan estas referencias con las aportadas por el sexólogo ecuatoriano, se verá que oscilan bastante las medidas. Por ello hablaba de ofrecer los datos a modo de curiosidad —y no para tomar una cinta métrica en la mano y salir corriendo a comparar— porque como se ve, no hay consenso, ni este asunto reviste la menor importancia.
La gran mayoría de las mujeres no se fijan en el tamaño sino que valoran más el modo, la manera de acercarse, de ser acariciadas, de ser atendidas. La satisfacción y el orgasmo de una mujer, no están relacionados con el tamaño o forma del pene porque solamente la entrada de la vagina goza de una sensibilidad importante. Mitos y realidades
Para concluir con el tema, bastante desgranado por cierto, del libro “Nuestra sexualidad” del Dr. Germánico Zambrano, de Ecuador, extraigo estos interesantes mitos y realidades:
Mito: El tamaño del pene puede calcularse por la grandeza de las manos, pies o nariz. Los hombres musculosos tienen un pene más grande y son mejores amantes. Realidad: No hay razón alguna para tales afirmaciones, es algo que no tiene relación.
Mito: Hay cremas, ungüentos y aparatos que agrandan el pene y restauran el vigor sexual. Realidad: Pese a que se anuncian como eficaces en un 100% nada de eso funciona realmente.
Mito: La vasectomía (operación que tiene como objetivo la esterilidad del varón) causa impotencia. Realidad: Esta intervención quirúrgica, que por cierto es muy sencilla, se realiza con anestesia local y es ambulatoria, no altera ni interfiere para nada en el deseo, la erección, la eyaculación, o la intensidad del placer.
Mito: Los hombres que se masturban en exceso o tienen una vida sexual muy intensa, durante su adolescencia y juventud, se agotan pronto y su vida sexual termina hacia los 45-50 años. Realidad: El hombre no nace con una cantidad limitada de espermatozoides o de eyaculaciones sino que, periódicamente, conforme necesita, forma células nuevas. Sabemos que mientras más activo ha sido de joven, mejor será su respuesta sexual en los años dorados, al compararlos con otros varones de la misma edad. En esta esfera, también vale el axioma de que órgano que no se usa, se atrofia.
Mito: Al ver una mujer desnuda, o en fotografía, en pose erótica, el varón debe tener una erección. Realidad: En la respuesta sexual humana se ven implicados una serie de factores afectivos, intelectuales, socioculturales que la regulan, así que no necesariamente habrá excitación sólo ante ese estímulo.
Mito: La erección indica que debe haber penetración de inmediato. Realidad: La angustia por penetrar debe ser educada. Cuando se aprende a disfrutar de las sensaciones agradables que provocan un dar y recibir caricias, dentro de lo que llamamos juegos preliminares, se alarga el placer y hay mayor conexión con la pareja.
fuente: http://saludparalavida.sld.cu/sencillo manual para crear tu radio por internet de manera gratuita www.creaturadio.net

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