miércoles, 24 de septiembre de 2008

homosexualidad u homofobia

Estimados amigos:


Aprovechando transmisiones normales en la radio, incluiremos como articulo un extracto, (solo un extracto) de un trabajo que desarrollamos para la Universidad Bolivariana hace algun tiempo y que dice relacion con la homosexualidad y homofobia.


Frente a este tema, se pretende comentar el tema de la homosexualidad y homofobia desde la óptica del Trabajador Social.


No pretendemos con este comentario analizar las causas de la homosexualidad ni de la homofobia, sino que sencillamente plantear la realidad de la profesión frente a una situación en que la perspectiva cultural tiene mucho que decir.


De esta manera, el problema que definimos es...



“La baja calidad de vida de la comunidad homosexual enfocada desde el aspecto de su temor al rechazo social y la no existencia de orientación profesional efectiva de un trabajador social.”







Sobre el problema en que viven los homosexuales, nos parece prudente copiar y pegar un artículo aparecido en el sitio monografias.com. Dice textualmente...







“ Discriminar significa diferenciar, distinguir, separar una cosa de otra. La discriminación es una situación en la que una persona o grupo es tratada de forma desfavorable a causa de prejuicios, generalmente por pertenecer a una categoría social distinta; debe distinguirse de la discriminación positiva (que supone diferenciación y reconocimiento). Entre esas categorías se encuentran la raza, la orientación sexual, la religión, el rango socioeconómico, la edad y la discapacidad. Existe una amplia legislación contra la discriminación en materia de igualdad de oportunidades de empleo, vivienda y bienes y servicios.


Los esfuerzos internacionales para combatir la discriminación han sido casi inexistentes hasta la aprobación de la Carta de las Naciones Unidas (ONU) en 1945. Uno de los objetivos de este documento era fomentar "el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los individuos sin distinción de raza, sexo, idioma o religión".



Algunas naciones como, por ejemplo, Gran Bretaña y Alemania han legalizado las relaciones homosexuales entre adultos. Sin embargo, en muchos países el hecho de ser homosexual o de practicar la homosexualidad puede provocar la pérdida del trabajo, la discriminación en la concesión de vivienda, el rechazo social e incluso la cárcel. Durante los últimos años, los grupos a favor de los derechos de los gays han trabajado para conseguir una mayor aceptación de la homosexualidad por parte de la opinión pública y en la legislación. El nivel de aceptación alcanzado en la década de 1970 disminuyó durante la década siguiente debido a la reacción pública negativa respecto a la propagación del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA o AIDS en inglés), que afecta en mayor proporción a la sociedad homosexual masculina. Este hecho condujo al rechazo social y a un prejuicio creciente contra los homosexuales.


En España y en América Latina hay diversas asociaciones para la defensa de los derechos civiles de homosexuales masculinos y femeninos. Aunque la permisividad hacia este tipo de orientaciones de género ha aumentado en los últimos años, queda aún un largo camino por recorrer.


Estas personas (los homosexuales), como toda persona humana, son sujetos de derechos fundamentales, como derecho al trabajo, a una vivienda, etc. Con todo, esos derechos no son absolutos ya que pueden ser limitados legítimamente por la ley a causa de comportamientos externos objetivamente desordenados que atenten contra el bien común o contra los más débiles (ya sea física o moralmente).


Esta reducción de derechos no absolutos se practican en muchos casos: en determinadas enfermedades contagiosas, enfermos mentales, individuos socialmente peligrosos, etc. De este modo, existe una discriminación justa: existen ámbitos en los que no se da discriminación injusta cuando se tiene en cuenta la tendencia sexual, por ejemplo: en la adopción o custodia de niños o en la contratación de profesores o instructores de educación física.


La discriminación verdadera, es decir, la que afectaría a una persona con tendencias homosexuales que quiere vivir castamente, es casi nula porque, por lo general, la mayoría de las personas con tendencia homosexual que procurar llevar una vida casta no dan a conocer públicamente su tendencia; en consecuencia el problema de la discriminación en función de empleo, vivienda, etc. normalmente no se plantea. Por el contrario, los homosexuales que declaran su homosexualidad son, casi siempre, personas que consideran su comportamiento o su estilo de vida homosexual como indiferente, y por eso digno de aprobación pública. Estos normalmente usan el lema de la "discriminación sexual" como un arma política para manipular la sociedad y la iglesia “





El artículo plantea cierta subjetividad al hablar de “discriminación verdadera” . Toda discriminación existe desde el momento en que produce transtornos en la calidad de vida de las personas.


La hipocresía para con los homosexuales es recurrente en nuestra sociedad. Es común ver como hay personas que manifiestan que ellos respetan a los homosexuales, pero cuando se enteran que la parvularia de sus hijos en el jardín infantil es lesbiana retiran a los hijos de ese parvulario.


La calidad de vida de las personas de codición homosexual se ve disminuida por este y similares hechos.


La actividad del Trabajador social frente a estos hechos constituye un gran desafío.


Enmarcaremos este articulo diciendo que nos adscribimos a un paradigma absolutamente positivista.


Al decir esto, queremos plantear que creemos en la realidad, en lo que existe, en lo que podemos ver, y básicamente en el conocimiento científicamente comprobado.
Es verdad que en nuestra labor como Trabajadores Sociales podemos y debemos fomentar el cambio, tanto en una perspectiva micro social e individual, como en una perspectiva macrocial. Somos agentes de cambio y generadores de políticas sociales. Pero al plantear que podemos cambiar la realidad, partimos de la base que reconocemos lo que existe, con todas sus virtudes y falencias, y en ningún caso enfocamos el tema basado en lo que debería ser, bajo argumentos morales, dogmáticos o religiosos. No nos planteamos el cuestionamiento moral de la realidad. No pretendemos posicionarnos si la realidad es buena o es mala, sino tan sólo plantear que si esa realidad es capaz de provocar un estado de insatisfacción en un individuo o grupo de individuos, es necesario cambiarla buscando que ese individuo o grupo de individuos alcance un estado de Bienestar.


Es en este punto donde encontramos el principal problema en lo relacionado con la homosexualidad y la homofobia. Muchas corrientes de análisis establecen sus argumentaciones diciendo lo que debería ser basado en los planteamientos arriba descritos. Nosotros lo que planteamos es que la homosexualidad existe. Y no se puede tapar el sol con un dedo diciendo lo contrario.


Los problemas hay que enfrentarlos. Si la calidad de homosexual de una persona se convierte en un problema, entonces es nuestra labor como Trabajadores Sociales ayudarlo a resolverlo.
Quien diga lo contrario, sencillamente vive en una burbuja y no conoce la realidad.
Es necesario comenzar este trabajo definiendo el que se entiende por homosexualidad.
Definiciones de Homosexualidad en la web:






lLa homosexualidad es una orientación sexual y se define como la interacción sexual y/o atracción romántica hacia individuos del mismo sexo.
es.wikipedia.org/wiki/Homosexualidad


lAtracción sexual hacia personas del mismo sexo, o actividad sexual con ellos.
www.ymcacolombia.org/nacionales/horyzon/bogota_glosario2.doc


lLa homosexualidad (de homo-igual y sexual) es la inclinacion sexual hacia personas del mismo sexo.
terminossexuale.blog.ijijiji.com/diccionario/9


Atracción erótica, romántica y afectiva hacia personas del mismo sexo.
guiagenero.mzc.org.es/GuiaGeneroCache/Pagina_Educacion_000342.html







Definiciones de Homofobia en la web:





l
El término homofobia se refiere a la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, aunque también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales o transexuales, y las que mantienen actitudes o hábitos comúnmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y las personas "con pluma". El adjetivo correspondiente es homófobo u homofóbico.
es.wikipedia.org/wiki/Homofobia


lAversión a los homosexuales
es.wiktionary.org/wiki/homofobia


lmiedo hacia la diferencia o diversidad, hacia las personas que aman o desean a otras de su mismo sexo. Junto con el miedo, también se puede dar un rechazo e incluso la marginación y exclusión de estas personas, con violencia o sin violencia. ...
www.webcliente.com/Default.aspx


lEs la actitud de rechazo activo o pasivo respecto de las personas que tienen una orientación sexual no heterosexual. Es una forma de descalificación moral y política que limita el círculo social de las personas de la diversidad sexual. ...
planificanet.gob.mx/planificanet/index.php


lalguien que teme a la comunidad homosexual. En general se refiere a personas que detestan la comunidad gay y sus practicas y que piensan que los ...
setubal.wordpress.com/2007/01/15/glosario-de-terminos-gay/


lAversión obsesiva hacia las personas homosexuales. Que no... que todo el mundo no puede ser igual, cada uno tiene que ser libre de elegir las tendencias sexuales que desee... no por ello hay que dejar de lado a nadie, por no decir nada de la mofa o cruel y cobarde agresión. ...
www.gestialba.com/public/relatos/relaerot90h00.htm






A partir de las definiciones planteadas, ya tenemos claro que son la homosexualidad y la homofobia.


Características de la Homosexualidad


Desde el nacimiento, y especialmente desde la adolescencia se van definiendo en nosotros una serie de características físicas que nos ayudan a convertirnos en la persona que somos y que marcarán nuestra diferencia de cualquier otra persona (sexo, color del pelo y de la piel, de los ojos, estatura, manera de caminar, timbre de voz, etc).


Pero en ese proceso de diferenciación no influyen sólo las características físicas, sino también (y sobre todo) las psíquicas; es decir, aquellas formas y peculiaridades que indican nuestra manera de ser, sentir, reaccionar, amar, emocionarnos, etc. Juntas todas estas características, físicas y psíquicas, forman ese aspecto tan importante de nuestra personalidad que conocemos con el nombre de identidad sexual. Consiste en un largo proceso de definición que parte desde el nacimiento y que termina cuando la identidad personal se ha logrado por completo.


No siempre estamos seguros de cuándo dicho proceso ha concluido del todo. La identidad sexual, por lo tanto, viene a ser definida como el conjunto de características sexuales que nos hacen genuinamente diferentes a los demás: nuestras preferencias sexuales, nuestros sentimientos o nuestras actitudes ante el sexo. (VV. AA. 1998. web: identid.htmidentid.htmsexaf.htmsexaf.htmbiblisex.htm). Esta identidad se relaciona con los sentimientos de masculinidad o feminidad (con todos los matices que sea necesario) que nos acompañarán a lo largo de la vida, y no siempre irá de acuerdo con nuestro sexo biológico o genital (ib).


Por lo que hemos dicho, la identidad sexual se refiere a la combinación de muy diversos factores: biológicos, ambientales, psico - afectivos, culturales. A medida que va desarrollando su cuerpo, el individuo (hombre o mujer) va descubriendo también sus sentimientos, emociones, gustos, y preferencias afectivas. Al terminar la adolescencia, algunos jóvenes ya tienen claro que sus preferencias sexuales no son las de la mayoría: no sienten atracción especial por las personas del otro sexo, sino por alguien del propio sexo. Los padres de familia y educadores han de trabajar con esmero para desdramatizar ese descubrimiento del joven o la joven, e invitarle así a poder asumir en forma pacífica y serena su propia realidad, aunque a muchos les pueda parecer desconcertante.


Hay personas que no sienten atracción sexual ni desean relaciones sexuales con miembros del sexo opuesto, sino con personas de su mismo sexo. Estas conductas se agrupan hoy día con el nombre de Variantes sexuales (Kaplan 1991), o inclinación sexual minoritaria (ESO, 1998). Obsérvese que no son consideradas conductas patológicas o anormales. Los homosexuales, igual que los heterosexuales, pueden no tener ninguna dificultad psíquica y actuar de manera enteramente normal en el trabajo, en las relaciones sociales, en los grupos de pares. O también, al igual que ocurre con muchos heterosexuales, pueden sufrir variedad de trastornos psicológicos.


Algunos homosexuales no sienten deseo alguno hacia personas del otro sexo, sus fantasías eróticas son casi siempre de tipo homosexual (no heterosexual) y no se imaginan la posibilidad de un proyecto de vida permanente en comunidad de vida y amor con alguien del sexo opuesto. Toda su principal imaginación erótica, y sus planes de vida, se proyectan en torno a una relación de pareja junto a alguna persona amada de su mismo sexo. En este caso estamos hablando de los homosexuales verdaderos, que se sienten adaptados a su realidad, y nunca han pensado cambiar de actitud o inclinación. Se sienten bien así, y si no fuera por los condicionamientos culturales de ciertos grupos sociales, no tendrían inconveniente en proclamar a los cuatro vientos la verdad de su inclinación homosexual.


Cuando algunas personas se sienten atraídas tanto hacia las personas del mismo sexo como del opuesto, estaríamos hablando no de homosexuales, sino de bisexuales. Algunos autores piensan que la bisexualidad es una forma atenuada de homosexualidad.


No siempre que existen prácticas homosexuales se es homosexual, pues estas prácticas pueden ocurrir también entre heterosexuales. Es bastante común, especialmente en algunos ambientes, que los niños adquieran cierto conocimiento de la vida y estimulación sexual a través de juegos exploratorios entre niños/as del mismo sexo. De algunos estudios (Kinsey, 1974) se deduce que prácticamente la mayoría de las personas ha vivido algunas experiencias de tipo homosexual, sobre todo durante la niñez y adolescencia. Tampoco significa que alguien sea homosexual por el solo hecho de no disfrutar o no funcionar bien en las primeras experiencias heterosexuales, pues ello se debe en la mayor parte de los casos a la simple ansiedad, preocupación, y temores (miedo al embarazo) con que suelen venir acompañadas estas experiencias al principio.


Puede ser interesante advertir que ha sido más estudiada la homosexualidad masculina que la femenina, y esto, no porque la femenina sea menos frecuente que la de los hombres, sino porque en general, hasta hace poco tiempo, la sexualidad de la mujer no había sido casi tomada en cuenta, y ha sido pobremente valorada . Los patrones culturales que han predominado en nuestro ambiente nos hicieron actuar como si la mujer fuera un simple sujeto pasivo, y poco menos que aséptico, en lo referente a la sexualidad. Dada la forma en que culturalmente la mujer muestra su afectividad, por medio de expresiones mucho más explícitas y espontáneas que el hombre, le es más fácil ocultar su tendencia homosexual, y por lo mismo, las lesbianas suelen tener menos conflictos de integración social que los hombres homosexuales, aunque, al igual que ellos, son también víctima de los mismos o parecidos prejuicios.





Problemas psicológicos.





Por sí misma, la relación sexual entre personas del mismo sexo no crea problemas a los que la practican; por eso, cada vez son más hoy día las personas y colectivos que promueven campañas a favor del respeto a los hombres y mujeres homosexuales, y a que la sociedad se desprenda de todos aquellos prejuicios que ofenden la dignidad de estas personas. Ellos y ellas tienen derecho a la felicidad, y a que se les deje vivir en paz su propia realidad.


Por lo tanto, hemos de dejar muy claro desde el principio, que los problemas, si es que existen, proceden no del hecho homosexual en sí, sino de las circunstancias en que vive la persona homosexual.


Hasta ahora, hablando sobre todo de nuestra sociedad chilena, el ambiente que ha rodeado el tema de la homosexualidad ha sido de gran incomprensión y censura generalizada. Salvo honrosas excepciones, los distintos colectivos políticos, religiosos, culturales, recreativos de Chile, no han estado a la altura requerida por un verdadero respeto a los derechos humanos de las mujeres y hombres homosexuales. Nuestra sociedad ha sido inhumana y cruel con hombres y mujeres que viven esta inclinación de minoría; las actitudes de los demás con respecto a estas personas, han sido causa de ciertos problemas experimentados por algunos homosexuales. Ello hemos de tomarlo en cuenta para saber cómo debe ser la conducta de la sociedad, y la educación sexual que hemos de impartir, para que dichos problemas no se presenten, o se superen, si es que se presentan, en forma adecuada.


Hay estereotipos culturales con los que se fustiga a los homosexuales, y así, algunas personas poco cultivadas en el tema dan por supuesto que son proclives a ciertas conductas sexuales patológicas, como si la homosexualidad fuera siempre acompañada de ciertas peculiaridades de conductas desviadas; este es un estereotipo mítico, completamente falso.


Los homosexuales, ya lo apuntábamos más arriba, no padecen ni más ni menos patologías que las que sufren los heterosexuales. Así por ejemplo, algunas personas, víctimas de sus prejuicios y mitos, creen que los homosexuales tienen tendencias paidofílicas (seducción de menores), y por lo mismo, no se atreven a pensar que un hombre homosexual o una mujer lesbiana pueda dedicarse a la educación o cuidado de menores, y cumpla a cabalidad con este rol. Digámoslo claramente: tan pederasta puede ser un homosexual como un heterosexual. De hecho, en los últimos casos policiales más llamativos que hemos conocido en Chile respecto al abuso de menores, sabemos que los agresores han sido adultos heterosexuales.


Los problemas psicológicos que presentan los homosexuales que acuden a la consulta clínica, son siempre por reacción al mal ambiente que encuentran a su alrededor: ambiente de rechazo y desaprobación de sus sentimientos, deseos y conductas. Repitámoslo una vez más: la homosexualidad no es considerada hoy dentro de las patologías sexuales, y desde el año 1973 empezó a ser eliminada de las listas y catálogos de trastornos psicológicos y enfermedades psiquiátricas.


Por lo mismo, sólo deben ser tratados en terapia aquellos casos de homosexuales que sufren con su situación porque no quieren serlo. Se trata de homosexuales egodisfóricos (malestar consigo mismo), porque lo más probable es que no sean homosexuales verdaderos, sino que ellos consideran que lo son a causa de las experiencias que han vivido de ese tipo.





Educación sexual de la sociedad.




El objetivo fundamental de una buena educación sexual general, y de ciertas orientaciones específicas sobre la homosexualidad, es conseguir que todo ser humano viva en forma integrada y armoniosa la propia sexualidad, y en el caso del homosexual (hombre o mujer) pueda asumir ante sí y ante los demás su propia identidad de manera natural y lo menos traumática posible. Es lo que se conoce con la expresión salir del armario. Es necesario que todo hombre o mujer homosexual se vea respetado en su dignidad humana, y que por lo tanto, no se sienta obligado a ocultar o disimular su orientación sexual, como sucede ahora, tanto en la familia como en la sociedad.


La familia, los medios masivos de información, las instituciones religiosas, y todas las instituciones educativas, tienen un gran papel que cumplir en el tema de la educación sexual. Una tarea mancomunada de todos los agentes formativos de la sociedad daría por resultado un laudable cambio de mentalidad en lo que se refiere a la homosexualidad, y produciría algunos favorables cambios de actitud, tanto a nivel personal como social.


Por eso, las campañas de educación en este sentido han de ser transversales a todas las capas de la sociedad. Sería ideal que desde que el joven descubre su verdadera orientación homosexual, a pesar de ser de minoría, pudiera comunicarlo en su familia y en el círculo de sus más íntimos amigos, sin sentir temor alguno al rechazo o discriminación por ese motivo.


Hoy, gracias en parte a los progresos de la ciencia psicológica, se va creando un ambiente mucho más comprensivo y tolerante hacia los homosexuales. También han contribuido a ello los movimientos y campañas mundiales a favor de sus derechos.


La misma Iglesia católica ha mejorado notablemente su lenguaje al referirse en sus últimos documentos a esta realidad humana, y prohibe que se hable mal de los homosexuales: Conocimientos insuficientes sobre las causas de la homosexualidad llevaron en el pasado a perseguir y condenar a los homosexuales, pero los conocimientos actuales sobre el nacimiento de la condición homosexual prohiben difamar a las personas de esa condición...... En la sociedad todos están obligados a ser comprensivos con las personas de condición homosexual. La difamación y el menosprecio los colocan en una situación insoportable y hacen que les resulte muy difícil comunicarse. (Obispos alemanes. 1998. Catecismo católico para adultos. Vivir de la fe. Madrid. BAC. p. 350).


Y esta misma Iglesia aconseja a los padres que sepan acoger en buena forma a los hijos que presentan esta inclinación: En cualquier caso, las personas en estas condiciones deben ser acogidas con respeto, dignidad y delicadeza, evitando toda injusta discriminación. Los padres, por su parte, cuando advierten en sus hijos, en edad infantil o en la adolescencia, alguna manifestación de dicha tendencia o de tales comportamientos, deben buscar la ayuda de personas expertas y calificadas para proporcionarle todo el apoyo posible...... Deben ser acogidos con respeto,... y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. (Pontificio Consejo para la Familia. Sexualidad humana: Verdad y significado. Orientaciones educativas en familia. N° 104. Ciudad del Vaticano, 8 de diciembre de 1995).


Existen en distintos países agrupaciones bien organizadas, integradas por hombres y mujeres interesados en el tema, sean o no homosexuales, que se han preocupado de llevar a cabo intensas campañas de sensibilización para superar antiguos errores y prejuicios, y promover así cambios positivos de actitud en torno a la realidad homosexual.


Son también interesantes en el campo pedagógico, los contenidos que en distintos lugares se incluyen dentro de los programas para la educación sexual en las escuelas. Son contenidos que van mucho más allá de una instrucción meramente físico - biológica, abarcando aspectos de la educación integral y holística sobre el tema. En una educación así se garantiza que desde la escuela básica el niño vaya captando otros conceptos mucho más científicos, honestos, veraces y respetuosos acerca de la sexualidad en general y de la homosexualidad en particular.


En el manual de segundo ciclo de ESO - España (Educación Secundaria Obligatoria), titulado: Yo, tú y nosotros (Cuerpo, sexualidad y afectividad), editado por Octaedro (Barcelona, 1998), aparecen temas tan sugestivos como los siguientes: la identidad sexual; la diversidad sexual; cómo comunicar (en casa o a los amigos) la propia inclinación sexual, en caso de que sea minoritaria.


Elementos pedagógicos de este tipo se van extendiendo cada vez más y mejor por distintos países, y son esperanza de renovación de mentalidades.


Diagóstico de la condición de homosexualidad



1. La ausencia total de masturbación o comienzo tardío de masturbación sin


intereses heterosexuales manifiestos.


2. Conducta homosexual en la adolescencia con ausencia de ansiedad


significativa, culpa o conflicto evidente junto con fantasías perversas.


3. Ausencia de relaciones verdaderas de Edipo en cualquier aspecto de la


historia del niño.


4. Fantasías homosexuales sin socialización heterosexual con una actitud


interpersonal tranquila y ausencia de las fluctuaciones emocionales y de


responsabilidad típica de esta edad.


5. Hostilidad hacia sus propios impulsos de la libido y ausencia de sentimientos


sobre sexo.


6. Algún contacto homosexual con el resentimiento a crecer y una tendencia a


suprimir otras demandas del instinto.


7. Persistente contacto homosexual pasada la adolescencia.


8. Relación homosexual con un adulto.


9. Cuando el adolescente afirma taxativamente: “Sé que soy homosexual, lo


siento.”





La Homofobia:





La homofobia es una enfermedad psico-social que se define por tener odio a los homosexuales. La homofobia pertenece al mismo grupo que otras enfermedades parecidas, como el racismo, la xenofobia o el machismo. Este grupo de enfermedades se conoce con el nombre genérico de fascismo, y se fundamenta en el odio al otro, entendido éste como una entidad ajena y peligrosa, con valores particulares y extraños, amenzadores para la sociedad, y -lo que es peor- contagiosos.





La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de referencias agresivo contra los gays y las lesbianas, identificándoles como personas peligrosas, viciosas, ridículas, anormales, y enfermas, marcándoles con un estigma específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal), social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos).





Mientras que a lo largo del siglo XX los movimientos por la igualdad han conseguido importantes avances en los derechos de otros colectivos estigmatizados o excluidos, como las minorías raciales o las mujeres, la homofobia sigue perviviendo en la sociedad impunemente, sin que haya una conciencia colectiva de su peligro. Muestra de esta situación es que, por ejemplo, todavía en muchos países las relaciones homosexuales están penalizadas, se escuchan chistes de mariquitas en los medios de comunicación, lesbianas y gays son agredidos por bandas de neonazis, se hacen redadas policiales en los locales de ambiente gays, y sus derechos no están equiparados a los de las personas heterosexuales. Todo el mundo recuerda que los nazis exterminaron a varios millones de judíos; nadie recuerda que también exterminaron a cientos de miles de homosexuales, y que tras la derrota nazi muchos de ellos siguieron en prisión porque en Alemania (antes y después de la 2ª Guerra Mundial) la homosexualidad era delito. A nadie se le ocurre hoy hacer un chiste antisemita en la radio o en la televisión; en cambio, todas las semanas escuchamos chistes homófobos en estos medios. ¿Por qué?





Porque aún no hay instrumentos suficientes para que la homofobia sea nombrada, pensada, combatida con rotundidad. 1997 fue el Año Europeo contra el racismo y la xenofobia, hubo cientos de actos para concienciar a la sociedad contra estas variantes del fascismo; no se celebró ningún acto contra la homofobia. La Real Academia se ha negado a incluir el término "homofobia" en el diccionario, tras solicitarlo varias veces distintos colectivos gays y antirracistas.





La homofobia tiene una larga tradición en la historia de la humanidad, no tiene un origen único, ni una cabeza visible, ni un objetivo, ni una razón histórica, está enraizada en diferentes culturas, épocas, clases sociales, instituciones. ¿Cómo combatirla? He aquí algunos frentes:





- Desde la infancia: los niños aprenden de lo que ven y oyen. En un hogar donde los padres (o uno de ellos) son homófobos, donde se escuchan comentarios o insultos contra los homosexuales, se está fomentando la futura homofobia de los niños. Esto tiene dos graves consecuencias para ellos: si el niño/niña tiene deseos homosexuales, se verá traumatizado por ese ambiente hostil y será incapaz de poder asumir con naturalidad su deseo; además -independientemente de su opción sexual- estaremos criando a un futuro homófobo, y reproduciendo por tanto un sistema fascista. Los padres deben tomar consciencia de esta situación.





- Desde la escuela: la escuela es un lugar fundamental de socialización y adquisición de valores; es imprescindible introducir en las escuelas programas educativos tolerantes con las diferemtes opciones sexuales y críticos contra la homofobia, y que los docentes se comprometan en esa misma crítica.





- Desde el lenguaje: el lenguaje cotidiano está lleno de expresiones homófobas, que traducen y legitiman ese estado de odio y agresión: maricón, dar por el culo, bollera, tortillera, ir a tomar por el culo, bujarrón, sarasa, moña... la riqueza del castellano en este ámbito es casi ilimitada, fiel reflejo de nuestra igualmente rica tradición homófoba. Hay que denunciar ese lenguaje, desenmascarando su violencia interna, e incluir el término "homofobia" en el diccionario.


- Desde las instituciones: el Estado, el Ejército y la Iglesia son tres instituciones tradicionalmente homófobas. El Estado aprueba el matrimonio entre parejas de distinto sexo, concediendo unos derechos legítimos a estos ciudadanos, y margina por razones de orientación sexual a otras personas, lo cual es inconstitucional. El Ejército persigue activamente a las personas homosexuales cuando están bajo su jurisdicción, e inculca valores homófobos y machistas. La Iglesia Católica, fiel a su histórica tradición de promotora de exterminios, sigue atacando las relaciones homosexuales con declaraciones agresivas, y promoviendo el odio hacia las personas homosexuales. Lo mismo ocurre con la mayoría de las demás religiones del mundo. Por tanto, hay que exigir a estas instituciones que abandonen sus posiciones homófobas y que colaboren a erradicar la persecución contra gays y lesbianas.





- Desde los movimientos sociales y políticos: los grupos de crítica social, tradicionalmente identificados con el nombre genérico de izquierda (socialismo, comunismo, anarquismo, etc), siempre han dejado de lado el problema de la homofobia, cuando no han participado activamente en ella (Castro, Stalin). Las ONGs antirracistas tampoco han tomado conciencia hasta hace poco de la necesidad de incluir el trabajo contra la homofobia como uno de sus objetivos. Los grupos políticos conservadores siempre han estado a favor de la homofobia (Reagan, Tatcher), financiando a grupos parafascistas homófobos, o rechazando iniciativas legales de igualdad (Felipe González, Aznar).





- Desde el mundo académico-científico: el discurso médico tomó el relevo en el siglo XIX a la religión en la tarea de estigmatizar y reprimir ciertas opciones sexuales: de ahí nace a finales del XIX la categoría de homosexualidad como enfermedad, una de las raíces de la homofobia del siglo XX. Los discursos médicos, psiquiátricos, sociológicos, y de la ciencia en general deben abandonar sus estrategias de segregación y dejar de señalar la homosexualidad como algo específico, desviado, anormal o enfermizo.





- Desde los medios de comunicación: la radio, la prensa, la televisión, transmiten continuamente imágenes y contenidos homófobos. Por ejemplo, cuando hay un asesinato, si el asesino es gai, se incluye este dato como relevante en el titular, si es heterosexual se omite. Esa manera de dar una noticia es abiertamente homófoba, y manipuladora. La radio y la televisión emiten chistes que hacen escarnio y burla de lesbianas y gays, e introducen imágenes pintorescas para ridiculizar a los homosexuales. Los profesionales de estos medios deben comprometerse para abandonar ese tipo de prácticas homofóbicas.





-Desde los propios homosexales: gays y lesbianas tienen la responsabilidad de luchar contra la homofobia, organizándoses, manifestándose, saliendo del armario, perdiendo el miedo, reivindicando sus derechos, denunciando las agresiones, haciéndose visibles para atacar a los homófobos, para que el resto de la sociedad sepa que existen y entienda que la lucha contra el fascismo es una lucha de todos.


El Travestismo


Ahora bien, uno de los términos que se asocian con la homosexualidad es el de travestismo


Cuando las personas escuchan esta palabra inmediatamente se imaginan un show de hombres vestidos de mujeres realizando imitaciones de artistas femeninas de la época, o de Drag Queens (hombres que se visten de mujer, pero que exageran demasiado en su vestimenta, maquillaje y calzado, para realizar parodias de la mujer), o piensa en hombres con senos y cuerpos muy femeninos que salen mucho en publicaciones de pornografía como revistas, Internet y demás. Pero no es ése el verdadero concepto de travesti, a lo mejor se relaciona con el tema de alguna manera, pero no es en sí su definición.


Comencemos por definir este enigmático y desconocido tema: Travestismo es el gusto o la satisfacción que le produce a ciertos individuos el vestir o usar prendas propias del sexo opuesto, y pueden ser hombres o mujeres.


El travesti hombre es el que más comúnmente observamos y juzgamos, lo tachamos de maricón, homosexual, afeminado, de poco hombre, dudamos de su masculinidad y decimos o pensamos muchas cosas más que no necesariamente se relacionan al tema. En cambio en las mujeres no lo observamos o detectamos casi nunca, ya que las mujeres tienden más a vestir unisex; o sea, visten ropa de los dos sexos. Usan ropa de hombre, como pantalones, playeras, sacos, zapatos y hasta corbatas, y las pueden combinar con faldas, zapatillas y blusas, logrando un aspecto femenino y estilizado; y aunque las veamos hechas una verdadera facha con pantalones, botas industriales y playeras demasiado masculinizadas, no las juzgamos igual que a los hombres, ya que lo vemos como algo cotidiano y “normal”.


El que un individuo sea travesti no nos dice nada acerca de su preferencia sexual, tampoco de su virilidad, menos de su condición social o de su perfil psicológico. Existen travestis como individuos distintos en el mundo; los hay desde niños, jóvenes, adultos solteros, casados, ancianos y de todas las clases posibles.


El travestismo es un gusto que se trae desde el nacimiento. Es como el gusto por el fútbol, la música o la danza, se trae desde pequeños pero lo descubrimos en alguna etapa de la vida; pero estaría mal asegurar que por gustarnos el fútbol, nos gusta la cerveza. Por eso no podemos relacionar al travestismo con la preferencia sexual o con otra cosa, ya que hay travestis heterosexuales, bisexuales, homosexuales, solteros, casados, con novia, divorciados, doctores, licenciados, ingenieros, técnicos, prostitutas, estudiantes, padres, hermanos, amigos, etc, etc, etc. De todo tipo de individuos que viven y se desarrollan en diversos países y sociedades del mundo.


Por lo regular no sabemos cuando un individuo es o no travesti, sino hasta que lo descubrimos u observamos, cuando ellos nos platican sobre su gusto o cuando nos enteramos por terceras personas; pero esto es más difícil aún.


Y ¿Por qué vivir a escondidas o en el closet (como se dice en el ambiente gay o travesti) si no es nada malo? Pregunta fácil de responder: Por nuestra sociedad; el problema está en su manera de pensar, en sus costumbres, en sus miedos, en sus prejuicios, en su ignorancia sobre el tema, en su inseguridad y en otros tantos factores que limitan a la gente a abrirse a otros gustos o conductas distintas a las suyas.


¿Qué ha conseguido el ser humano cuando ha intentado erradicar a algún tipo de raza, de conducta, de manera de pensar, de conocimiento o de religión? Únicamente caer uno o varios escalones de esa gran escalera llamada historia de la humanidad, más el derramamiento de muchísimos litros de sangre sin sentido alguno. Pero no siempre se logró desaparecer a algunos de estos elementos para siempre; sino por el contrario, muchos se fortalecieron mucho más y otros tantos se volvieron parte de la vida cotidiana de más personas. Y todo a causa de querer imponer una norma que sólo unos cuantos querían, sin respetar la gran diversidad de formas de actuar y de pensar que podemos tener los seres humanos.


En el mundo existen millones y millones de travestis, cada uno viviendo diferentes cosas y situaciones, y otras tantas muy similares; seguramente unos con más experiencia que otros, con edades distintas, algunos con personas que los apoyan y otros solos, algunos con dinero para comprar su guardarropa y otros conformándose con lo que encuentran entre sus familiares, algunos con mucha seguridad para salir a la calle y realizar actividades como cualquier otra dama y otros con tan poca que no salen de un cuarto o de su imaginación; unos con mucho conocimiento sobre este fenómeno, otros tan ignorantes que sienten que es un castigo de Dios.


La verdad es que hace falta mucha educación, información o distribución de esta información; para lograr vivir más en paz y en armonía unos con otros. Y podemos comenzar por nuestras familias, enseñando a nuestros hijos, esposas, hermanos, padres y amigos a respetar a todos sus compañeros y familiares, a aprender de ellos y enseñarles lo que necesiten o necesitemos saber; a no juzgarlos, porque todos somos iguales (seres humanos que aman y son amados); a mostrarles lo hermoso de la libertad y a respetar la de los demás; a caminar a paso firme sin aventar o pisar a los otros para ser mejores o llegar más rápido; y a ser felices haciendo felices a los que nos rodean.





A diferencia de los transexuales, los travestis no piensan cambiar de sexo ni se sienten atrapados en un cuerpo que no les corresponde; a éstos les gusta disfrutar de lo mejor de ambos mundos, les gusta ser hombres cuando están vestidos así o cuando realizan sus labores cotidianas, y sentirse mujeres muy femeninas cuando se transforman.


Muchos travestis han tenido el valor y la confianza necesaria para platicarles de su “gusto” a sus parejas y familiares; a muchos le ha ido muy bien, a otros no tanto y a otros muy mal. Pero para poder animarse a dar este paso, es necesario que primero ellos tengan la información y el conocimiento necesario para aceptarse a sí mismos y tener la seguridad y la confianza para compartirlo con algún ser querido; y en su debido momento enseñar o informar a esa persona lo que significa el travestismo y lo que implica o con lo que relaciona este enigmático tema.


Los que confiaron en el amor que un día los unió a su pareja y que los ha hecho mantenerse juntos hasta hoy en día; aquellos que saben que la confianza es la base para el funcionamiento óptimo de la pareja; y que los secretos se vuelven una bomba de tiempo imposible de detener, que siempre explota en el momento menos inesperado; son aquellos que llevan una vida sin miedos, sin preocupaciones y que, seguramente, están disfrutando y compartiendo su gusto y mucha felicidad con sus parejas.


Es muy satisfactorio ver cómo las esposas (inteligentes) no sienten que han perdido a su macho, sino que por el contrario, han ganado a un hombre más atento y cariñoso con ellas y a una verdadera amiga cuando éste está transformado. Y es que deben entender que su hombre ya era travesti antes de conocerlas, y que gracias a ese gusto su personalidad desarrolló ciertas virtudes o características en las cuales ellas se fijaron para enamorarse, precisamente, de ellos.


Y es así como la pareja llega a acuerdos para que el esposo practique su gusto en ciertos momentos o lugares y se desenvuelva como él desee, para que en un futuro no quede frustrado o insatisfecho con la vida que ha llevado. Y al mismo tiempo, esta confianza le da la oportunidad a la pareja de compartir y realizar fantasías, sueños o deseos que satisfagan a ambos, pero siempre y cuando los dos estén de acuerdo en realizarlas.


En cambio, cuando las esposas o familiares se niegan a aceptar el gusto de su marido o del travesti por la ropa femenina, logran varias reacciones no tan buenas en el individuo; como por ejemplo: Frustraciones, infelicidad, secretos, mentiras, rencores, que busque parte de su felicidad en otros lugares y a escondidas, o con otras personas; que trate de olvidarse de su gusto, tirando su ropa a la basura, visitando a psicólogos (no siempre conocedores del tema) o aguantándose las ganas de vestirse, pero en un futuro no muy lejano verá que no lo pudo dejar y se sentirá más mal aún y lleno de tristeza y frustraciones.


Y es que debemos recordar que el travestismo no es como quitarnos una chamarra por gusto o por órdenes de alguien para no usarla jamás; ya que es un poco más complicado que eso. Este gusto sólo se irá cuando perdamos el interés en él de una manera totalmente espontánea o a causa de ya no verlo como un gusto, sino como una obligación que ya no nos produce una satisfacción.


Así que, después de haber leído todo este texto y de haber aprendido un poco o bastante sobre este tema, sólo me queda aconsejarles que abran sus mentes a la gran gama de posibilidades, gustos, preferencias, individuos y grupos que hay en nuestro mundo; para vivir más en armonía y de una manera más feliz.


El travesti, al ser aceptado por su pareja, familiares o amigos, se vuelve una persona más dichosa, feliz y agradecida con Dios y con estas personas que lo aceptan tal cual es y lo dejan disfrutar de ese gusto que le produce gran satisfacción. Un gusto que se puede compartir muy bien con las mujeres y de las cuales pueden aprender muchísimo acerca de maquillaje, moda, comportamiento, peinados, accesorios y tantas cosas que manejan a diario en su mundo; es más, seguramente compartirán el gusto por ir de compras a centros comerciales sin ser apuradas ni presionadas, sino todo lo contrario: les aconsejarán, animarán y disfrutarán por completo esos momentos (a diferencia de muchos hombres, que odian el andar de tienda en tienda viendo y esperando a que sus parejas o familiares se prueben todo que les gusta).


En síntesis, el travestismo debe ser visto como una práctica común y que no daña a nadie al realizarla, y el travesti necesita que lo apoyen y lo entiendan, o que por lo menos no lo insulten o lastimen, simplemente por tener un gusto distinto a los demás, y del cual no se sabe mucho.


En este punto es importante hacer una distinción.


La condición de Transexual:


Ahondaremos en la situación de los transexuales, para diferenciarlos correctamente de los travestis:






Generalmente, el ser humano no se plantea el problema de saber cual es su identidad de género. No hay disociación entre esta y su género anatómico de nacimiento. Pero en ocasiones sucede que existe un conflicto entre el género al que pertenece el cuerpo y aquel al que pertenece el cerebro. Las personas que han nacido bajo esta circunstancia se llaman transexuales.


Transexual es pues la persona que encuentra una seria y profunda disconformidad entre su sexo psicológico y los demás caracteres sexuales. El transexual sabe que su cuerpo pertenece a un género y su cerebro a otro. No esta loco ni es un farsante, es plenamente consciente de su dicotomía. El transexualismo es una realidad, no producto de su imaginación.


Todos hemos oído hablar de personas transexuales:





Por qué tomaron este camino en sus vidas?


Por qué optaron por un camino tan duro que les habrá acarreado no poco sufrimiento?


Una explicación a éste fenómeno podría comenzar así:


“Imagínese que Ud. Se despierta una mañana y se encuentra en el cuerpo del género opuesto”


Así se siente un transexual.





Los transexuales a veces expresan sus sentimientos de ser diferentes en términos de “vivir una mentira”. Si es que hay un fraude involucrado en el hecho de ser transexual, es el fraude perpetrado por el transexual mismo antes del tratamiento. La persona que completa el tratamiento es en sí el objeto real. El o ella ha dejado atrás una vida de engaño e infelicidad. A pesar de los grandes obstáculos, él o ella ha florecido como la persona que siempre ha sido








Los transexuales explican haberse sentido del otro género desde siempre. En el estudio de su infancia se distingue que ya de niños tienen una conducta propia del sexo opuesto, aunque ellos todavía no son conscientes de lo que les sucede. Después, ya en la adolescencia pueden tener periodos en los que se esfuerzan por comportarse según su sexo biológico, esforzándose por olvidar su problema. Ante la imposibilidad de mantener esta conducta por demasiado tiempo, esta estrategia termina fracasando irremediablemente








Estas personas comparan sus sentimientos a algo parecido al ser ubicado en un rol para el cual no están preparados, por ejemplo, el tratar de ser el héroe cuando en realidad están mejor interpretando a la heroína. Sin embargo para ellos es necesario el adaptarse para sobrevivir. Ellos tienen que aprender sus líneas y actuar su parte. Palabras y conductas que están ajenas a su naturaleza les son forzadas en razón a su apariencia física. Eventualmente, como todo actor que mantiene un rol en una actuación de larga trayectoria, ellos aprenden a manejar su papel. Aprenden a recitar las líneas, seguir las direcciones del escenario, y ser hombres o mujeres muy convincentes sin necesidad de tener ni que pensar en ello.




El problema está en cuando dejan el escenario, cuando se quedan solos consigo mismos, y saben que ese papel no es el indicado para sí mismos. Ellos saben quienes son en realidad. No desean otra cosa que ser ellos mismos, pero no se pueden quitar los vestuarios y disfraces y llevar una vida normal, ya que los disfraces son en realidad sus propios cuerpos.






El hecho de ser mujer y vivir con cuerpo de hombre, o al contrario, resulta insostenible desde cualquier punto de vista. Para comprender esto basta con ponerse en el lugar de la persona que padece esta circunstancia y ser sinceros con nosotros mismos. Lo actitud generalizada cuando una persona se halla ante un trastorno importante, es la de poner solución al problema echando mano de los medios disponibles que la ciencia va poniendo a nuestro alcance. Gracias a la investigación estos medios cada vez son más eficaces a lo largo de los siglos.




La persona transexual corrige la disociación que sufre su mente con su cuerpo poniendo acorde una con el otro mediante lo que comúnmente se conoce como “cambio de sexo”. El término correcto es Reasignación o Afirmación de sexo, ya que ese proceso no supone un cambio para la persona, sino la reafirmación o afirmación de lo que siempre ha sido. Existe ya una experiencia importante en el seguimiento de casos de transexuales con operación de cambio de sexo. Esta cirugía ha ayudado a un número importante de ellos/as a ser más felices y llevar una vida más productiva. Por ello, se la considera justificada en personas muy motivadas, correctamente diagnosticadas de transexualismo, con un medio social y laboral estable y que han pasado la prueba de vivir desempeñando un rol de sexo opuesto durante un tiempo prudencial, que puede ir desde 1 a 2 años.





El Dr. Harry Benjamín ((1885-1986), fue el primero en proponer un tratamiento hormonal a estos pacientes, y gracias al cual, la personas transexuales pueden hoy día, encontrar una armonía entre su cuerpo y su mente. En homenaje a este médico alemán el transexualismo lleva también el nombre de Síndrome de Harry Benjamín





Los transexuales se someten a una intensa evaluación y consejería psicológica. Este proceso no es para convencer al sujeto de renunciar a su transexualismo, sino para determinar la viabilidad del drástico e irreversible proceso de reasignación de género. Por ejemplo, si la persona no es realmente un transexual, pero en vez de eso esta sufriendo de un cuadro de homosexualidad egodistónica, los efectos del tratamiento pueden ser devastadores. Un travesti mal aconsejado, quien es normalmente feliz viviendo en el rol de su género físico, pero que tiene la compulsión de funcionar ocasionalmente en el rol del otro género, puede ser muy infeliz por una reasignación de sexo permanente. Por lo tanto, un transexual debe de ser evaluado por un consejero psicológico experimentado para estar seguro de que el transexualismo es el tema real. Una vez que el diagnóstico de transexualismo esta confirmado, es cuando comienza la parte médica del tratamiento.





La persona que entra en esta fase del tratamiento es por lo general llamado “transexual pre-operado”. El tratamiento hormonal gradualmente va ayudando al transexual a despojarse de su disfraz, lo que le ayudará a adentrarse en su “rol” y adaptarse a la sociedad en la que ella/el considera ser su lugar correcto. (el género dual utilizado acá es para reconocer la existencia de transexuales tanto de hombre a mujer como de mujer a hombre, y NO para insinuar una identidad género dual por parte de estos individuos). Después de un tiempo que puede ser desde varios meses a varios años, el transexual públicamente acepta su nuevo rol de género. Los servicios de consejería psicológica continúan durante todo el período de terapia hormonal, para ayudar al transexual a des-aprender el rol que ha tenido por tantos años. Hay muchas situaciones traumáticas comprometidas. El transexual necesita no solo aprender el nuevo rol, sino también el aprender que esta bien el estar en él.





La mayoría de los protocolos de reasignación requieren que el individuo viva y se desenvuelva en su nuevo rol por un mínimo de 12 a 18 meses antes que la cirugía de reasignación de género le sea autorizada. Esta fase se denomina “Test de vida real” o RLT (por sus siglas en inglés) Tanto el paciente como el consejero psicológico deben estar convencidos de que la cirugía será de ayuda y no dañina. Es entonces que el terapista primario refiere al paciente a un segundo médico, generalmente un psiquiatra, para otra evaluación para confirmar que la cirugía es apropiada. Solo entonces un cirujano de reputación aceptará al paciente. La cirugía de reasignación de género es un proceso irreversible. Debe realizarse con extrema precaución. La profesión médica americana ha adoptado una posición conservadora en lo que es tratar al transexualismo con terapia hormonal y cirugía de reasignación de género. Sin una evaluación psicológica y psiquiátrica competente, ningún médico o psiquiatra competente y con ética prescribiría terapia hormonal. Sin ambas mencionadas evaluaciones, ningún médico de prestigio realizaría la cirugía de reasignación de género. Estos rigurosos requerimientos están orientados a asegurar que aquellos individuos que cambian su sexo no lo hagan por inestabilidad mental, sino que esta persona haya demostrado totalmente su estabilidad mental en el rol de género que psicológicamente le corresponde.




Si la decisión de reasignarse de sexo es consistente, debería ser respetada. El transexual, como es lógico, busca métodos con los que mejorar su vida y solucionar en medida de lo posible la cantidad de problemas que le ocasiona este conflicto. La reasignación de sexo permite a los pacientes ser ellos mismos viviendo en el rol de género que se corresponde con su identidad sexual.





Cuando uno conoce a un transexual, está conociendo a la persona que sabe como amar, sabe como valorarse a sí misma y como resultado, sabe como amar y valorar a otros. ¿Cuántas personas “normales” pueden demostrar esta distinción?


La Transexualidad es un problema de enorme trascendencia. La existencia de la persona transexual se ve trastocada en prácticamente todos los ámbitos de la vida. Además del sufrimiento que genera el problema en si, está el rechazo social y en muchas ocasiones incluso familiar hacia la persona que lo padece.








En ocasiones los familiares confunden el problema con la homosexualidad y llegan a aceptar que se trate de eso, pero rechazan por entero que esa persona pertenezca en realidad al sexo contrario cuando ellos están seguros de haber traído al mundo una hija, o un hijo varón. En un primer momento se preguntan que está sucediendo y si su hijo sencillamente no estará loco.


Este rechazo se debe en la mayor parte de los casos a la ignorancia acerca de esta condición y a las leyendas negras que la rodean, así como a la desconfianza en los profesionales que la tratan, temiendo que lo hagan por hacer fortuna o que pertenezcan a alguna especie de secta peligrosa. Otras veces el rechazo se debe simplemente a la vergüenza, o a sentimientos de culpa o responsabilidad. Y también se dan los casos en que los familiares dicen aceptar a la persona pero siguen utilizando su género anatómico para dirigirse a él/ella, o de alguna forma le hacen el vacío, algo que esta persona detecta perfectamente.


Para una persona transexual, operada o no operada, la relación con personas que siguen hablándole en su género biológico a pesar de conocer el problema, es totalmente superficial y desagradable. Por eso siempre tomará distancia con ellas, se traten de quien se traten. No puede haber actitud más desafortunada en el trato con transexuales que el uso de su género biológico para el trato con ellos. .


El niño transexual detecta que tiene un problema y advierte perfectamente la incomprensión familiar hacia el mismo. Así este niño puede reaccionar muchas veces de forma impulsiva sin que los padres entiendan por qué, ser demasiado nervioso/a e incluso conflictivo. El pequeño crece con sentimiento de culpa o temor a que se le recrimine por su conducta, sabe que es diferente y se siente alterado al no poder definir cuál es el problema ni entender por qué siente tanto desasosiego.





Al informarse acerca del adolescente transexual, no espere encontrar a un chico o a una chica con un buen currículum académico -aunque evidentemente existan casos- ¿lo sería usted si se sintiera encerrado en un cuerpo del género contrario al suyo?. Su problema traerá consigo la desmotivación y desconcentración lógica, así como la falta de tranquilidad necesaria para el estudiante. Si a esto sumamos la lucha interna por huir del enorme peso que supone la realidad, una y otra cosa desembocan con casi total seguridad en el fracaso escolar si no en cosas peores.





La adolescencia es una de las etapas más difíciles en la vida de una persona. Para los transexuales, como para todo el mundo, esa etapa supone descubrirse a sí mismos, pero con una diferencia: ellos descubren que están atrapados en un cuerpo que no les corresponde según su género psicológico. El joven transexual descubre que sus senos crecen, aparece el período y sus órganos genitales no dejan lugar a dudas: es una mujer “¿qué me pasa?”. La joven transexual descubre como poco a poco el vello hace aparición por su rostro, la voz ha cambiado como la de sus hermanos varones y cada vez que mira sus genitales le resulta evidente que es un hombre “pero en mi interior soy una mujer”.


Están encerrados en su propio cuerpo.


Durante la adolescencia además comienza la atracción sexual hacia las personas del otro género, esto es muy penoso para el transexual ya que no puede aspirar a que el sexo contrario se fije en él -o ella- como lo que realmente es. Esta circunstancia les ocasiona vergüenza, frustración, desolación, malestar, amargura.





La reacción ante cualquier problema depende de cada persona, unos pueden reaccionar aislándose, otros haciéndose rebeldes, pero el denominador común de las personas transexuales es el saber a ciencia cierta que si lo mencionan serán juzgados, así que ocultaran su problema durante todo el tiempo que les sea posible a fin de protegerse. La soledad acompaña al transexual durante todas las etapas de su vida: él solo debe descubrir lo que le pasa, él solo debe asumir las repercusiones de su problema, él solo debe tomar la decisión de qué hacer con su vida, él solo debe explicarse, protegerse y defenderse.


El adulto transexual, ha aprendido que es distinto y que su diferencia está mal vista. Llegado ya a este momento de su vida tiene muy afectada la autoestima y además probablemente padezca de depresión aunque sea leve. Su vida transcurre con creciente desesperanza, frustración y sensación de fracaso. Se siente solo, encerrado en su propio cuerpo y responsable del dolor que su rareza pueda ocasionar a todos los que le rodean. Con toda seguridad ya ha acudido al psiquiatra, que en muchas ocasiones –hoy en día ya cada vez menos- intentará hacerle cambiar su convicción. La constante incomprensión con la que se encuentra una y otra vez van sumiéndole en la impresión de que su destino está relacionado con la desdicha y comienza a padecer anhedonia, ya no es capaz de disfrutar de las cosas hermosas que se presentan en su vida. Un proyecto de familia o el matrimonio son para él -o ella- quimeras, sueños inalcanzables, a no ser que lo hagan con una persona de su propio sexo psicológico, lo cual a todas luces es algo impensable –excepto para los homosexuales, lo que no es el tema aquí-.





Las consecuencias sociales y laborales no precisan ser mencionadas porque de sobra son conocidas por todos: la marginación y el rechazo son la tónica general a la hora de buscar trabajo, ya que su aspecto suscita desconfianza o miedo. A esto debemos añadir que el transexual que ha realizado el cambio a veces pierde el apoyo familiar, con lo cual se encuentra en la calle, sin techo y sin trabajo, abocado al mundo de la marginación (alcohol, drogas, prostitución).


El transexual que no se reasigna (no cambia de sexo) corre el riesgo de caer en una depresión crónica, si no una enfermedad peor, derivada del enorme desequilibrio y angustia que genera el que su sexo psicológico sea diferente a su sexo anatómico. El transexual reasignado (cambia de sexo) debe ser muy consciente de todos los cambios que supone su decisión, y sopesar los posibles efectos secundarios, así como reunir el valor suficiente para entrar en quirófano varias veces y hacer frente a la reacción social que, con toda seguridad, en algunos casos, será de rechazo e incomprensión ante su profunda necesidad de reasignar su sexo.





En lo que se refiere a las familias de las personas transexuales, según los datos que tenemos, hoy en día la mayor parte de ellas, afortunadamente, acaban ofreciendo apoyo y ayuda.





En resumen, el trastorno de la transexualidad es un trastorno grave. Los resultados de los cuestionarios de psicopatología (MMPI) demuestran que las personas transexuales están notablemente libres de psicopatología mayor. Por otra parte encontramos rastros de transexuales a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por lo tanto, las instituciones, o personas, que persisten en una actitud de marginación o transfobia, alegando que todo ello se trata de una perversión, un capricho o una simple intención de llamar la atención; cometen un error de justicia gravísimo y colocan su particular piedra en un muro que la historia, así como la ciencia y la justicia del ser humano, se ocuparan de derribar más tarde o más temprano.





Preguntas para hacerse si se acepta que un conocido sea transexual





- ¿Eres capaz de hablar a esa persona con el género que realmente le corresponde?


- ¿En el fondo, aunque no lo digas, le consideras responsable y crees que si se esforzase podría ser como los demás?


- ¿Le respetas tanto como lo harías de no ser diferente?


- ¿Le consideras tan inteligente como a cualquiera o, por el contrario, hay cosas que das por hecho que con él o ella no puedes compartir?


- ¿Te permites comentarios o bromas de mal gusto que no harías con otras personas?


- ¿Te avergüenza lo que puedan pensar los familiares, vecinos o amigos?


- ¿Te niegas a reconocer que esa persona tiene un problema y escondes la cabeza esperando a que se le pase o se olvide?


- ¿Le echas su problema en cara o haces delante suya reflexiones del estilo “si fueras normal no harias esto o lo otro…”?


- ¿Le hablas de su pasado como si te hubiera robado a alguien? (“cuando eras mujer te gustaba mas el cine”)


- ¿Le hablas como si fuera el asesino de su propia persona? (“Mi hija nunca habría dicho eso”)


- ¿Intentas por todos los medios que intente cambiar? (Podrías ser tan feliz…)


- ¿Le hablas como si desde que sabes que es transexual ya no fuera la misma persona? (Cuando eras pequeña eras tan guapa…)


Opinión y fundamentación







Frente a todo lo planteado, la actitud del trabajador social debe ser de tolerancia, respeto a sus derechos. Si se debe juzgar a un homosexual se lo debe hacer por su conducta y no por su condicion, como a todos los seres humanos por lo demas.


Por lo anterior, estamos en un largo proceso. La legislación acerca del matrimonio homosexual es la semilla para el fin de la discriminación del colectivo homosexual.


Importante es la situación de la homosexualidad en los sectores más vulnerables. Tienen menores posiblidades de empleo y mayor posibilidad de discriminación. La subcultura en la que la pobreza se encuentra hace ser más proclive a la discriminación tomando su entorno de machismo. Es por esto que un trabajador social no le es conveniente dar a conocer su condicion de homosexualidad en caso que lo fuera, la percepción del tema en las personas en situación de vulnerabilidad lo haría ser rechazado.


Así planteado el tema, la homosexualidad se constituye como un colectivo con una sensación de no bienestar que la hace efectivamente ser un foco de atención para el trabajador social de la misma manera que el movimiento feminista, la segregación racial, etc.


El trabajador social deberá tener un pensamiento crítico hacia las actitudes discriminatorias por motivos de sexualidad, como en general sobre toda forma de discriminacion.


La diversidad sexual se plantea en un ambiente y espacio de libertad e igualdad de cada individuo, opciones que pensamos son básicas para todo ser humano en este planeta.


Lo opinable, lo juzgable, lo cuestionable, en definitiva, corresponderá a la manera en que cada individuo asuma su identidad sexual.


Como lo hemos planteado, e insistimos en ello, no es posible juzgar a una persona por una situación sobre la cual la persona no es responsable. Ningun homosexual elige serlo. De lo que sí es responsable (y por ende juzgable) es de su conducta, como todos los seres humanos por lo demás.


Compartimos plenamente lo planteado en el sitio http://www.rieoei.org


.



“En relación a una familia, independientemente del tipo de ella y de quienes sean sus integrantes, el clima interno entre ellos y el tipo de relación y convivencia desarrolladas están impregnadas de cariño, confianza, respeto, afecto, acompañamiento y comprensión mutua. Estas actitudes y comportamientos son los que hay que potenciar y fortalecer. El rechazo a la homofobia o la definición de heterosexual vayan más allá de la dignidad que a toda persona debe reconocérsele al amparo de los Derechos Humanos. Si bien es cierto que el reconocimiento del matrimonio homosexual fue un logro institucional, la verdadera transformación social, la que debe de producirse en el imaginario cultural e ideológico, no se refleja aún en el sistema educativo, porque aún no se ha producido en nuestro país”



El trabajador social es un agente de cambio y tambien un generador e implementador de políticas sociales.


La labor de trabajador social es por lo tanto cooperar a la adaptación del sujeto en relación a su sexualidad en el trabajo individual; realizar la labor de educador social en el ámbito comunitario, y contribuir a una generación de políticas públicas en beneficio del colectivo homosexual.

Conclusiones




En nuestra labor de trabajadores sociales, deberemos efectuar una importante labor de educación, tanto micro y macro social, de tal manera que se comprenda que a las personas en condicion de homosexualidad se les debe tratar como cualquier otra persona, sin una sensacion de lastima o de miedo, dado que el ser homosexual no es sinonimo de pedofilia o depravacion.


Tampoco la homosexualidad es una opción o una decisión. Es una realidad. La opción consiste en el como vivir la homosexualidad. Ya de por sí el despertar sexual y el asumir la condición ha sido una experiencia traumática. El respeto, el cariño, y la aceptación, especialmente al interior de la familia, contribuirán a minimizar el impacto que significa el temor a la presión social.


Por otro lado, ejemplos de nuestra labor de generador de políticas sociales, podría ser la presión para la incorporación de un ramo de sexualidad en la enseñanza escolar, la generación de espacios de debates a nivel comunal y por supuesto, la aprobación de la ley de matrimonio homosexual actualmente en discusión en nuestro país




Bibliografia





http://www.narth.com/docs/sp-breiner.pdf


http://www.rieoei.org/deloslectores/2249Peinado.pdf.


http://www.monografias.com/trabajos/discriminacion/discriminacion.shtml


http://www.ubiobio.cl/vitrina/articulos/10.shtml


www.geocities.com/ingrith_rincon/travestismo.doc


transexualidad.wordexpress.com


http://www.cenesex.sld.cu/webs/diversidad/transexualidad.htm




http://trans.decidet.org/que_es_ts/index.php

No hay comentarios:

Publicar un comentario