Estimados amigos en la Inclusión:
Hace algunos años fui testigo directo de una escena dolorosa durante las Fiestas Patrias en Chile en el estadio Sausalito en Viña del Mar, dado que por esas fechas estaba allí la ramada oficial.
Dos jóvenes estallaron en carcajadas estrepitosamente cuando un niño con síndrome de Down se acercó con sus padres, quienes, visiblemente heridos pero sin confrontar, siguieron su camino entre la multitud festiva. Este incidente en medio de la alegría colectiva expone la brecha de discriminación que aún persiste en Chile hacia personas con discapacidad.
Mientras el estadio vibraba con ramadas y música patria, el niño solo quería disfrutar como todos, pero las risas incontrolables de los jóvenes lo convirtieron en blanco de burla, ignorando su derecho a la normalidad. Los padres optaron por el silencio para evitar más humillación, un reflejo del agotamiento ante prejuicios cotidianos que un 84% de chilenos reconoce como discriminación hacia discapacitados. Tales momentos erosionan la autoestima infantil y perpetúan estigmas excluyentes.
En Chile, con 2,7 niños nacidos por mil con síndrome de Down —duplicando el promedio global—, eventos públicos como Fiestas Patrias deberían ser inclusivos, no escenarios de rechazo. Casos reales de exclusión en juegos o espacios recreativos agravan esto, fomentando bullying que limita la integración social.
La verdadera inclusión eleva a todos: desarrolla empatía, habilidades sociales y autoestima en niños con síndrome de Down mediante entornos adaptados. Campañas chilenas como "Actívate por la Inclusión" impulsan respeto en fiestas y escuelas, alineadas con la ley 20.422 de igualdad.
¿Qué habrían hecho ustedes si fueran los padres del niño?
Los leemos en los comentarios

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