jueves, 12 de marzo de 2026

¿Tiene el adulto mayor el derecho de ejercer libremente su sexualidad?


 Estimados amigos:

La vejez es una etapa del desarrollo humano caracterizada por transformaciones biológicas, psicológicas y sociales de gran envergadura. Dentro de estas transformaciones, la esfera de la sexualidad ocupa un lugar frecuentemente invisibilizado tanto en la literatura científica como en la práctica clínica.

 Históricamente, los estudios sobre sexualidad han privilegiado a poblaciones jóvenes y adultas en etapa reproductiva, relegando a un segundo plano las necesidades y vivencias erótico-afectivas de las personas mayores.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2006) define la salud sexual como un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad, enfatizando que no se reduce a la ausencia de enfermedad, disfunción o discapacidad. Esta definición, de carácter holístico, interpela directamente a los sistemas de salud y a la sociedad en su conjunto para garantizar el ejercicio pleno de la sexualidad en todas las etapas de la vida, sin distinción de edad. En este contexto, examinamos las problemáticas más relevantes que afectan la vivencia sexual de las personas mayores, distinguiendo entre aquellas que se presentan en el seno de una relación de pareja y aquellas experimentadas por quienes se encuentran fuera de dicho vínculo.

Transformaciones Biológicas y su Impacto en la Sexualidad

El envejecimiento conlleva modificaciones fisiológicas que inciden directamente sobre la respuesta sexual. En las mujeres, la menopausia produce una disminución de los niveles de estrógeno que deriva en atrofia vaginal, reducción de la lubricación y dispareunia, condiciones que pueden generar incomodidad y aversión ante la actividad coital. En los varones, la andropausia se asocia a una disminución gradual de la testosterona, lo que puede traducirse en mayor latencia de erección, eyaculación precoz o retardada, y reducción de la libido. Asimismo, condiciones crónicas frecuentes en la vejez —como la diabetes mellitus, las enfermedades cardiovasculares o las alteraciones neurológicas— afectan negativamente la función sexual, ya sea de manera directa o como efecto secundario de los tratamientos farmacológicos empleados (Lindau et al., 2007).

A pesar de estos cambios, la investigación evidencia que la mayoría de los adultos mayores mantiene deseos e intereses sexuales, y que la actividad sexual sigue siendo posible y satisfactoria cuando se adoptan estrategias de adaptación adecuadas. Sin embargo, la falta de información y orientación clínica sobre sexualidad en la vejez constituye un obstáculo persistente: los profesionales de la salud rara vez abordan el tema en sus consultas, perpetuando así el silencio en torno a las necesidades sexuales de esta población (Nusbaum et al., 2004).

Problemáticas en el Contexto de Pareja

Para las personas mayores que mantienen una relación de pareja estable, la vida sexual se ve atravesada por dinámicas propias de la convivencia prolongada y por las transformaciones físicas descritas anteriormente. La comunicación sexual deficiente o inexistente es una de las problemáticas más documentadas: las parejas de larga data tienden a establecer rutinas coitocéntricas que, ante la presencia de disfunciones o cambios corporales, generan frustración, evitación y deterioro del vínculo afectivo (Hinchliff & Gott, 2004).

La asincronía en el deseo sexual entre los miembros de la pareja representa otro factor de conflicto relevante. La pérdida de uno de los integrantes por enfermedad o fallecimiento introduce, además, la problemática del duelo y de la resignificación del propio cuerpo como agente de deseo. El cuidado informal que con frecuencia asumen los adultos mayores hacia sus parejas en situación de dependencia puede transformar el vínculo erótico-afectivo en uno predominantemente asistencial, generando sentimientos de culpa ante la emergencia del deseo sexual propio. En muchos casos, la vergüenza corporal asociada al envejecimiento —particularmente intensa en las mujeres, dada la presión normativa en torno a los cánones de belleza— inhibe la expresión de la sexualidad y reduce la frecuencia de los encuentros íntimos.

Problemáticas Fuera de la Pareja

Las personas mayores sin pareja —ya sea por viudez, divorcio o soltería— enfrentan desafíos particulares en el ejercicio de su sexualidad. La viudez tardía, especialmente en mujeres dada su mayor longevidad, supone la pérdida del vínculo sexual legitimado socialmente, sin que existan canales institucionales que apoyen la reactivación del deseo y la búsqueda de nuevas relaciones. El entorno familiar y social a menudo responde con incomprensión o rechazo ante la manifestación del interés romántico o sexual en personas mayores viudas, ejerciendo una presión normativa que inhibe la búsqueda de nuevas parejas.

La dimensión institucional adquiere especial relevancia en el caso de adultos mayores que residen en establecimientos de larga estadía o residencias geriátricas. Estos espacios frecuentemente carecen de políticas de privacidad que permitan el ejercicio de la sexualidad, y el personal a cargo reproduce imaginarios edadistas que patologizan o ridiculizan la expresión sexual de los residentes. La masturbación —forma primaria de ejercicio de la sexualidad autónoma— es sancionada social e institucionalmente, vulnerando los derechos sexuales de las personas mayores institucionalizadas (Mahieu & Gastmans, 2015).

Otro aspecto poco abordado es la vulnerabilidad frente a infecciones de transmisión sexual (ITS). Contrariamente a la creencia generalizada, las personas mayores no están exentas de este riesgo: la desaparición de la preocupación por el embarazo reduce la percepción de riesgo y con ello el uso de métodos de barrera. Asimismo, los programas de educación sexual rara vez contemplan a las personas mayores como destinatarias, dejando una brecha informativa que puede tener consecuencias sanitarias significativas.

El Edadismo como Obstáculo Estructural

Subyacente a todas las problemáticas descritas se encuentra el edadismo —término acuñado por Butler (1969)— entendido como la discriminación sistemática basada en la edad. En el ámbito de la sexualidad, el edadismo se manifiesta mediante representaciones culturales que asocian el deseo sexual en la vejez con la ridiculez, la depravación o la enfermedad. Este conjunto de prejuicios opera no solo en el entorno social inmediato de las personas mayores, sino también en los sistemas sanitarios, las políticas públicas y las investigaciones científicas, perpetuando la invisibilización de las necesidades sexuales de esta población.

La internalización del edadismo por parte de los propios adultos mayores —denominada edadismo interiorizado— constituye uno de los mayores obstáculos para la búsqueda de ayuda profesional y para la reivindicación del propio derecho al placer. Reconocer y desarticular este fenómeno es una tarea urgente tanto para los sistemas de salud como para la educación en sexualidad a lo largo del ciclo vital.

Conclusiones

La sexualidad en la vejez es un campo de estudio e intervención de creciente relevancia en el contexto del envejecimiento demográfico global. Las problemáticas que afectan a los adultos mayores en esta dimensión son múltiples y de naturaleza heterogénea: abarcan desde cambios biológicos inevitables hasta barreras socioculturales e institucionales construidas y por tanto susceptibles de ser modificadas. Tanto en el contexto de pareja como fuera de él, las personas mayores tienen el derecho y la capacidad de vivir una sexualidad plena, diversa y digna.

La respuesta a estas problemáticas requiere un abordaje interdisciplinario que integre la perspectiva de derechos, la educación sexual continua a lo largo del ciclo vital, la formación de los profesionales de la salud en gerontosexología, y la generación de políticas públicas que garanticen entornos seguros y respetuosos para el ejercicio de la sexualidad en la vejez. La ciencia y la sociedad tienen la responsabilidad ética de reconocer que el placer, el afecto y el deseo no tienen fecha de caducidad.

Referencias

Butler, R. N. (1969). Age-ism: Another form of bigotry. The Gerontologist, 9(4), 243–246.

Hinchliff, S., & Gott, M. (2004). Intimacy, commitment, and adaptation: Sexual relationships within long-term marriages. Journal of Social and Personal Relationships, 21(5), 595–609.

Lindau, S. T., Schumm, L. P., Laumann, E. O., Levinson, W., O'Muircheartaigh, C. A., & Waite, L. J. (2007). A study of sexuality and health among older adults in the United States. New England Journal of Medicine, 357(8), 762–774.

Mahieu, L., & Gastmans, C. (2015). Sexuality in institutionalized elderly persons: A systematic review of argument-based ethics literature. International Psychogeriatrics, 27(6), 861–880.

Nusbaum, M. R., Lenahan, P., & Sadovsky, R. (2004). Sexual health in aging men and women: Addressing the physiological and psychological sexual changes that occur with age. Geriatrics, 60(9), 18–23.

Organización Mundial de la Salud. (2006). Defining sexual health: Report of a technical consultation on sexual health, 28–31 January 2002, Geneva. OMS.


Nota de autor: El contenido textual y las imágenes de esta publicación han sido generados con apoyo de inteligencia artificial. Sin embargo, la historia, los hechos y los testimonios aquí relatados son completamente reales. El texto original fue elaborado previamente por el autor, y la IA se ha utilizado únicamente para reorganizar y dar forma narrativa al contenido sin alterar su veracidad.

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